8-9-2016 15:14

Para Deleuze, la cartografía, relacionada al mismo tiempo con el mapa y con el diagrama, dibuja la forma que toman los mecanismos del poder cuando se espacializan (el Panóptico de Bentham y el poder disciplinario descrito por Foucault), pero puede operar también como una “máquina abstracta que expone las relaciones de fuerza que constituyen el poder” dejándolas así al descubierto y abriendo vías posibles de resistencia y transgresión.
En el libro de Félix Guattari de 1989 Cartographies schizoanalytiques su cartografía esquizoanalítica no tiene como objetivo dibujar una red de espacios transitados por sujetos minoritarios, ni mucho menos facilitarnos una taxonomía de lugares habitados y transformados por la locura (del neurótico o del psicótico), sino más bien “esbozar un mapa de los modos de producción de la subjetividad” teniendo en cuenta las tecnologías de representación, información y comunicación (máquinas performativas). Una cartografía busca dibujar un paisaje de los “equipos colectivos de subjetivación”. La cartografía no es simplemente una técnica de representación de subjetividades políticas dadas, sino como una auténtica práctica revolucionaria de transformación estética y política.

_editado de PRECIADO, Paul B., «Cartografías queer: El flâneur perverso, la lesbiana topofóbica y la puta multicartográfica, o cómo hacer una cartografía “zorra” con Annie Sprinkle», en G. Cortés, José Miguel, Cartografías disidentes, SEACEX, 2008, pp. 345-346

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